Samantha Schweblin – Distancia de rescate

En la breve novela Distancia de rescate, Samantha Schweblin nos muestra esa tensión constante que experimentamos las madres ante la posibilidad de que nuestros hijos sufran algún daño físico o emocional.

La protagonista sugiere que existe un hilo invisible —una “distancia de rescate”— que puede alargarse o acortarse, permitiendo o no que la madre llegue a tiempo. En esta historia calcula obsesivamente esa distancia: el tiempo que le tomaría salvar a su hija, por ejemplo, cuando la ve acercarse a una piscina desde lejos. Sin embargo, esa medida —física o temporal— no es suficiente cuando intervienen factores que no están bajo su control. En cuestión de segundos, la desgracia puede aparecer como algo inevitable.

“Entonces siento, con una claridad espantosa, el hilo que se tensa, la imprecisa distancia de rescate”

La historia se desarrolla durante un viaje de placer que hace una madre con su hija pequeña a un pueblo donde los niños presentan una transformación física y comportamental inquietante. La narración avanza a través del diálogo entre uno de estos niños y una madre, aturdida y confundida. El lector debe reconstruir qué ocurrió y en qué momento la distancia de rescate no fue suficiente.

Schweblin también toca otros temas como la contaminación del medio ambiente, la vulnerabilidad y la culpa. Lo más inquietante son los diálogos: una conversación en cursivas alternada con recuerdos, creando un tono de ansiedad, urgencia y desconcierto. El lector no sabe desde dónde se habla. Esta ambigüedad me recuerda a Pedro Páramo, sobre todo porque la autora menciona de manera recurrente la presencia de gusanos que pueden ser reales o simbólicos.

“Buscamos gusanos, algo muy parecido a gusanos, y el punto exacto en el que tocan tu cuerpo por primera vez”

En cada párrafo, la autora dosifica información aparentemente inconexa: un niño enfermo, animales muertos, el agua del río, la casa verde. El lector tiene la tarea de asociar, relacionar pistas, unir los hilos sueltos para darle coherencia.

Schweblin logra una atmósfera sombría, parecida a la que construye Fernanda Melchor en Temporada de Huracanes, con un terror cercano al de Mariana Enríquez. En este caso, Schweblin maneja la posibilidad de transmigrar de un cuerpo a otro, pero de manera tal, que el lector duda si esto es posible, y esa ambigüedad es precisamente lo que lo hace más interesante.

El horror que se experimenta durante la lectura se sostiene toda la novela a través de las interrupciones y correcciones de quien dialoga con la madre, así como la tensión del hilo invisible, el querer descubrir en qué momento se ha roto, cómo y por qué.

“Tarde o temprano algo malo va a suceder”, decía mi madre, “y cuando pase quiero tenerte cerca”

El final es extraordinario. A partir de pequeños detalles —la forma en la que un niño se sienta, cómo sostiene un muñeco, una mirada— la autora abre múltiples interpretaciones y nos deja una sensación de desconcierto.

Aunque la trama podría resumirse en pocas líneas, Schweblin la vuelve compleja, entregándonos piezas amorfas de un rompecabezas que requiere de la astucia para ser ensambladas correctamente.

Se necesita tiempo para reflexionar y darle significado a la experiencia y nos invita a una relectura para descubrir nuevos puntos de vista y recuperar detalles

“No ve lo importante: el hilo finalmente suelto, como una mecha encendida en algún lugar” La autora logra hacer visible y hacernos sentir ese cordón umbilical etéreo que nos mantiene conectadas con los hijos. También nos muestra la vulnerabilidad de ese lazo, la inevitabilidad del azar y de esas distracciones absurdas que

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